Marisol Guisasola
Sonreir, aprender a respirar, visualizarse en calma, darse un minimasaje, adoptar la actitud de “lucha”, pasarse al descafeinado, recordarse cómo ser sexual, caminar al aire libre, escuchar música y vivir a tope el momento. Incorpora estas acciones a tu vida diaria y conseguirás el equilibrio que necesitas.
1. Aprende a respirar. Inspira profundamente por la nariz, sintiendo cómo se te hincha el vientre al hacerlo. Mantén la respiración unos segundos. Expulsa el aire lentamente. Repite varias veces.
2.Visualízate en calma. Cierra los ojos, aspira tres veces lentamente e imagina que estás en una ducha caliente y que oleadas de relajación lavan tu estrés. Otras ideas: piensa que caminas junto a un tranquilo río, que estás tumbada en una playa paradisiaca, que miras el atardecer desde una montaña elevada... Visualiza los detalles: el olor del campo, el murmullo del agua, el color del cielo.
3. Date un minimasaje. Para calmar el estrés, los expertos del Instituto del Tacto de la Universidad de Miami (EE.UU.) recomiendan masajearse la palma de la mano con el pulgar de la otra, con suaves movimientos circulares.
4. Sonríe. Hacerlo significa que estás contenta y, a la vez, estimulas las sensaciones de felicidad. La sonrisa transmite impulsos nerviosos desde los músculos faciales al sistema límbico, un centro emocional clave del cerebro, lo que inclina la balanza neuroquímica hacia el modo de “calma”.
5. Adopta la actitud de “lucha”. En vez de verte como una víctima y pensar: “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, adopta un enfoque proactivo. Si tu vuelo ha sido cancelado, muévete para buscar otro. Si en tu despacho hace frío o demasiado calor, no sufras en silencio. Llama y pregunta al responsable qué solución puede encontrar.
6. Pásate al descafeinado. Reduce progresivamente la cantidad de cafeína que tomas sustituyendo las tazas de café normal por descafeinado. Al cabo de tres semanas, habrás logrado quedarte solo con la taza del desayuno o incluso prescindir del todo del café. Lo mismo puedes aplicarle a los refrescos con cafeína.
7. Recuérdate como ser sexual. Si las relaciones sexuales ocupaban el “farolillo rojo” de tu lista de prioridades, sitúalas en primer lugar. El sexo aumenta los niveles de endorfinas, esas sustancias cerebrales que incrementan las sensaciones de bienestar, y es uno de los mejores relajantes que se conocen.
8. Camina al aire libre. Un paseo a paso ligero te obliga a respirar más profundamente (lo que promueve estados de bienestar) y mejora la circulación y la forma física. La luz del sol y la contemplación de la naturaleza ayudan a prevenir la depresión.
9. Escucha música. Numerosos estudios han comprobado que la música (una que despierte en nosotros emociones positivas y agradables) puede reducir la frecuencia cardiaca y la tensión arterial, y aumentar los niveles de endorfinas.
10. Vive a tope el momento. Saborea esa fruta o ese trozo de chocolate con los cinco sentidos, pensando en lo que sientes al tomarlos. Fíjate en el color de esa tela, nota su textura, su suavidad... Cotempla el color de los árboles, cómo avanzan las nubes... y recréate. Enfocar la mente en algo concreto es sinónimo de relajación. Disiparse es estresarse.